12 de abril de 2012

La solución a la crisis española: “All in, all out”

La situación de nuestro país necesita una profunda reflexión. La economía no despega pero debemos seguir financiándonos si no queremos que el estado del bienestar, conseguido en los últimos lustros, se lo lleve este “tsunami” financiero. En primer lugar, deberíamos ser conscientes de cuál es la prioridad actualmente. La prioridad no es mantener derechos y/o privilegios adquiridos, ni hacer una huelga sabiendo que no va a servir para nada. La clase política es reticente a decírnoslo claramente pero la realidad se impone, la única prioridad ahora es convencer a los inversores de que comprar deuda española es seguro. Sin esa premisa no hay salvación para España porque necesitamos financiarnos para poder despegar y salir de esta situación. Este es el verdadero motivo por el que se está abordando una gran reducción del gasto público, para reducir las necesidades de financiación del Estado.
¿Quiénes son los inversores o los mercados que compran nuestra deuda y a los que debemos convencer? sencillamente son instituciones y entidades muy conservadoras y alejadas de planteamientos de alto riesgo o especulativos. Son, por ejemplo, el fondo de pensiones noruego que invierte en deuda soberana para asegurar las pensiones de los noruegos en el futuro; o son los gobiernos de países emergentes que invierten su superávit a la espera de nuevos proyectos. Todos ellos quieren lo mismo: invertir en productos sólidos que les garanticen la devolución de lo invertido más un interés. En cuanto estos inversores perciben riesgos para su inversión no compran y se van a invertir a otra parte.
Por ello, si lo que queremos es convencer a estos inversores y mantener su confianza en España, no podemos convocar huelgas, como han hecho los pilotos de Iberia para mantener ciertas condiciones laborales. Tampoco podemos  andar a la gresca con cada una de las decisiones que, a veces de forma un tanto torpe, desliza el gobierno de la nación. Ni por supuesto se puede una comunidad autónoma erigir en insumisa fiscal o pretender hacer sus propias cuentas en contra de las decisiones económicas del resto del Estado. Todo ello resta credibilidad a nuestras cuentas y aleja a los inversores, condenándonos cada vez más al abismo económico.
En el ámbito económico lo que prima no es la realidad sino como ésta es percibida. Una simple noticia, o comentario de un político, echa por tierra la mejor de las gestiones. Por ello, el gobierno debe saber explicar a mercados y ciudadanos las medidas que adopte, con tranquilidad pero con la suficiente firmeza. Se podrá estar más o menos de acuerdo con ellas, pero en estos momentos se impone morderse la lengua hasta que la tormenta pase, sentir que estamos en el mismo barco, para bien o para mal.
Aunque suene a épocas pasadas, España solo saldrá de la crisis si permanece unida, o no saldrá. Se impone el principio “all in, all out” (todos dentro, todos fuera).

Imagen: © Ewa Walicka | Dreamstime.com

5 comentarios:

  1. me encanta tu blog, lo suelo visitar con frecuencia

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  2. Hemos llegado a un punto en que no se si hay solución posible; es más, no se si vale la pena que la haya o es mejor dejar que todo se hunda y empezar de nuevo bajo otros esquemas. todo me empieza a dar un asquito...

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    1. Tu afirmación es entendible porque es la primera reacción que tenemos los ciudadanos: indignación, impotencia, !asquito!..... Sin embargo, empezar de nuevo en un mundo globalizado es misión casi imposible, aunque reconozco que es una propuesta muy atractiva.

      Gracias por tu comentario.

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    2. Lo se perfectamente, pero es que así me desahogo, porque a veces tengo una sensación de irrealidad cuando leo y escucho según que cosas, que pienso, ya que en el mundo del absurdo todo vale, llevemoslo a sus máximas consecuencias

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